lunes, 4 de mayo de 2015

La puerta gris

Ese día era como cualquier otro, yo estaba en Santiago y hacía mucho calor, pero en realidad eso ahora no me preocupaba demasiado, en mi mente estaba el encontrar un baño urgentemente. Sabía que podía ir al que se encontraba en el segundo piso, así que siguiendo mis instintos subí la escalera mecánica, la gente distraída miraba hacía abajo, algunos se dirigían como yo al baño, otros quién sabe dónde.
Cuando llegué mi sorpresa fue grande había una gran fila en la caja para pagar el baño pero me resigné y me coloqué como los demás en la cola, extraje desde el bolsillo de mi pantalón trescientos pesos para pagar. Después de la espera y de muchos pies moviéndose impacientes llegué a la caja, ahí me esperaba una cajera con cara de colapso, me compadecí de ella y le entregué el dinero lo más rápido que pude para aminorar su trabajo, ella me recibió el dinero y me quedó mirando con la mano extendida, las tres moneditas aún calientes en ella, y una mirada de desconcierto, yo fruncí el ceño buscando alguna explicación a esa mirada y ella solo atinó a decir: 
- son setecientos. 
Ahora yo era la desconcertada, no podía ser que me cobraran tal precio por usar un baño, 
- ¿Por qué tanto? le pregunté,  y ella me respondió cansada y presionándome; - eso cuesta, yo no pongo los precios, decídase pronto porque hay más personas en la fila. 
Resignada busqué las otras monedas en mi bolsillo y le pagué lo que faltaba para luego al fin entrar al baño. Una vez dentro decidí no quedarme de brazos cruzados y dejar un reclamo,¡ no era posible que cobraran tanto dinero por un servicio que debería ser gratis! ¡ciertamente esto era un engaño y una estafa, no podía pasar desapercibido!. Cuando hube salido del baño que por cierto estaba lleno me pare en una esquina a observar a las demás personas de la fila para comprobar si alguien también, al igual que yo, se percataba de esta injusticia, mi sorpresa aumentó al darme cuenta de que nadie protestaba, sino que al contrario todos con cara amable pagaban los setecientos pesos como si nada, algunos sacaban billetes de mil, y los mas osados y despreocupados billetes de cinco mil, con la cara de la Gabriela impresa en ellos. Nadie parecía molesto, no habían caras de desagrado, ni ceños fruncidos, ni ojos sorprendidos, nada, solo amabilidad y una normalidad que me producía urticaria. No podía entender que estaba ocurriendo en este lugar, ni en qué momento las cosas habían cambiado tanto. Cuando no hubo más personas esperando para pagar, me acerqué nuevamente a la cajera que ya había olvidado mi rostro. Le dije así: - disculpa, me gustaría saber donde puedo dejar un reclamo o con quien puedo conversar acerca de un asunto importante, ¿algún encargado o superior? De inmediato me reconoció y me dijo: - Ah, creo que hay un libro espéreme un poco. Gracias le contesté para demostrar amabilidad. Cuando volvió no venía con ningún libro, sino que venía con una persona, un hombre para ser mas precisa, lo llevaba del brazo y le venía diciendo algo bajito al oído que no alcancé a escuchar, pero cuando acabo el hombre me miró de pies a cabeza y la cajera me dijo; - él te llevará al lugar al que quieres ir. El hombre me abordó simpáticamente y me preguntó que era lo que quería dejar en el libro de sugerencias, yo le dije que no quería dejar una sugerencia, quería dejar un reclamo a los encargados del Mall por el precio exagerado del baño. Él me respondió:-  no entiendo cuál es su problema, pero de todas formas la ayudaré y le diré donde tiene que ir a dejar su sugerencia, - ¡reclamo!, le insistí yo.
Mientras conversábamos recorríamos el Mall, cuando habíamos llegado al terminal de buses, se detuvo y me dijo; - ¿ve esas oficinas que están por allá? me señaló con el dedo un rincón apartado del terminal. - Sí, le respondí, ¿esas con ventanillas de color gris?,-  sí me dijo, esas mismas, bueno, vaya ahí y pida el libro que necesita.

Me pareció extraño que no me llevara él mismo hasta el lugar señalado pero le terminé por dar las gracias. Cuando hube avanzado y dado tres pasos me di vuelta a mirar por última vez el rostro del sujeto, cuando lo hice vi que se alejaba y sacaba una de esas radios particulares que suelen usar los guardias de seguridad. No pude verle el rostro, así que me voltee y dirigí mis pasos hacía las oficinas.
Podía haberme quedado callada pensaba en el camino, pero no importa me afirmaba en mis convicciones, no perdería tanto tiempo, solo era un mero trámite, pronto estaría libre de aquello y podría haber satisfecho mi enojo y aplacado mi frustración y descontento.
Llegué a las oficinas y al acercarme a ellas un viento frío corrió de repente frente a mi cuerpo y la atmósfera se volvió densa, un poco misteriosa. El lugar parecía deshabitado, golpee la puerta de color gris pero nadie acudía, volví a golpear unas dos veces más y lo mismo, no había respuesta. Por último decidí girar la manilla y entrar, cuando la hube girado empuje despacio la puerta y algo más extraño que el valor del baño ocurrió.
Fui como arrebatada por una fuerza al interior de la oficina y al mismo tiempo todo lo conocido se esfumó y me vi a oscuras dentro de la oficina.
Mi cuerpo se sentía extraño, como si fuera más pequeña. Estaba todo oscuro pero en pocos minutos mi vista se acostumbró a la oscuridad y pude divisar unas sombras a mi alrededor que eran de mi mismo tamaño y un poco abultadas.
Luego de unos instantes al ver mejor, vi que a mi alrededor había cientos de peluches de felpa en desorden con sus ojos cristalinos mirándome, estaban quietos pero algo extraño tenían y pensé ¿a dónde me vino a mandar el hombre del baño? Me sentía extraña como mareada y sin aliento, cuando quise salir de la habitación no encontré la puerta, ni las ventanas que se veían desde el exterior, solo cuatro paredes planas y sin luz.
De pronto me toqué el rostro para secarme el sudor que pensaba que tenía, ese lugar estaba muy caliente y yo ya me estaba desesperando. ¿En qué lugar se había metido la puerta por donde entré? Cuando me llevé las manos al rostro pude sentir el horror vivo comiendo mi carne. Mi cara se había transformado en algo redondo y peludo. Mi nariz ahora chata era solo un punto con forma y mis parpados ya no estaban para abrir y cerrarse con cada parpadeo. Mi pelo largo y liso no lo encontraba por ningún lado, estaba calva pero cubierta de una vellosidad esponjosa y desconocida. Mis orejas aún estaban ahí pero no eran precisamente orejas de humano. El delirio comenzó a absorberme y afligida me miré las manos, mi cara y mi cuerpo, me llené de espanto al mirarme, tenía por manos dos extremidades redondas como un puño con hilos cocidos entremedio de mis dedos que ya no eran cinco, sino cuatro como las cuatro paredes a mi alrededor que me tenían prisionera.
Entre la desesperación pude caer en la cuenta de que yo formaba parte de aquellos peluches. La remota idea que se cruzaba por mi cabeza de lo que estaba ocurriendo me carcomía los sesos como una termita.  Yo era como uno de esos peluches que antes sin darme cuenta, estaban vivos e igual que aterrados que yo. Traté de moverme y mis pies gordos y felpudos se movieron con dificultad.
De pronto una luz cegadora me hizo parar y todos miramos hacía ella y quedamos ciegos con su poder.
Cientos de peluches iluminados en aquella pieza a oscuras fueron acorralados en cajas de cartón, lo último que vieron fue una mano sellando la caja y un movimiento de vaivén que hizo adormilar sus conciencias. 

4 comentarios:

  1. muy bueno n.n sabes que me encanto este! tqm n.n

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  2. jajaja muy buena!!! pensé que sería morboso siguiendo esa misma línea, pero todo cambió de repente y no pude deja de leer XD

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    1. ooooh *-* que bueno que te haya gustadooo! gracias por el comentario ! ... inesperado finaal ajjajaj

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